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En el Foro Alfa, me acabo en econtrar con un intereantísimo artículo de Luciano Cassisi donde habla acerca de los concursos de diseño y algunos de los oscuros intenciones que existen detrás de ellos.

Los invito a que le den una leída para que la próxima vez que participen en algún certamen de este tipo tomen muy en cuenta los puntos que expone el autor, les dejo los 3 primeros:

Los principales promotores de los concursos de diseño somos los propios diseñadores, que hasta nos ponemos contentos cada vez que nos enteramos de uno nuevo. Este texto propone diez ideas para estar atentos y al menos desconfiar de esta festejada forma de adquisición de diseño. Las propuestas han sido pensadas fundamentalmente en función de los concursos de diseño gráfico y diseño audiovisual, en los que la participación implica elaborar un producto «a medida» que, debido a esa condición, luego no sirve para presentar en otros certamen.

1. Respetemos nuestro saber profesional

Rechacemos tanto los concursos en los que se convoca indistintamente a diseñadores profesionales y al público en general, como a aquellos en los que el jurado no está integrado por una mayoría de expertos en la materia que pueda garantizar una evaluación justa.

2. No colaboremos sin saberlo en operaciones de prensa encubiertas

Si sabemos que el organizador tiene recursos suficientes como para contratar al diseñador más cotizado (por ejemplo: cuando se trata del estado o de una gran empresa), pero decide llamar a concurso y correr el riesgo de no alcanzar resultados de primer nivel, no lo dudemos: estamos ante a una operación de prensa2 encubierta. Lo que menos les interesa es el producto a diseñar. Como los concursos gozan de buena prensa, se los suele considerar —erróneamente— como gestas democráticas que abren las puertas a la fama a humildes desconocidos. Así, todo el mundo está más que dispuesto a ayudar en forma gratuita a difundirlos. El gran ganador suele es el organizador.

En algunos concursos aparece la figura del asesor o padrino, que generalmente es un diseñador reconocido, y que es quien recomienda a la institución llevar el proyecto a concurso abierto. No sorprende que muchas veces este «padrino» termine formando parte del jurado y beneficiándose en forma personal de la operación de prensa que el operativo implica. Sea con intención o no, cuando una gran figura de la profesión promueve la organización de un concurso, además del beneficio de mantenerse en el candelero de los grandes proyectos, el hecho puede resultar un excelente recurso para mantener lejos a la competencia y ejercer cierto control de la situación.

3. No firmemos contratos leoninos

Una artimaña muy utilizada por los organizadores de concursos de diseño es seducirnos con un premio relativamente abultado en dinero, pero con la aclaración de que la sola participación compromete y obliga al ganador a realizar más trabajo luego de ser seleccionada su propuesta. No casualmente, ese trabajo adicional siempre se explica en forma muy escueta, dado que nadie le presta mucha atención, salvo el ganador, que llegado el momento descubre que para cobrar su premio tiene la obligación de seguir trabajando bastante. Así, el real premio no es dinero sino una opción a ganarlo trabajando mucho más.

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